Viaje a Olmué: buena ruta, mejor destino

Cuando mi mamá comenzó a acechar la única mosca que volaba en el patio, con mi hermano supimos que debíamos acabar con el aburrimiento hogareño y tener un buen paseo familiar. Tomamos el mapa, nos tapamos los ojos, y casualmente apuntamos a Olmué. Como quedaba cerca y conocíamos ciertos hitos de la ruta, no nos quedaba más que ir. Le quitamos el matamosca a mi madre, y partimos.

Olmué es un pueblo ubicado a 60 km de Santiago. Para llegar allá existen dos caminos, uno por la Ruta 68 y otro por la cuesta La Dormida, siendo este último mi predilecto, ya que en él encuentras muchos pueblos, carritos y buenos parajes para animar a cualquier viajero.

Comenzamos nuestro viaje a La Dormida pasando por Til Til. Esta localidad es reconocida por la producción y venta de aceite de oliva de buena calidad a buen precio, además de sus abundantes Tunas. Luego nos encontramos con la feria “Pueblito de Til Til”, donde se pueden adquirir varios productos de la zona, tales como aceite de oliva, miel, tejidos y artesanías. Nos detuvimos y encontramos un puesto que pertenece a la cervecería artesanal Wandernlust, ellos disponen de dos variedades de cervezas en formato Shop, una negra con poco cuerpo y demasiado ácida a mi parecer, y otra de trigo bastante agradable y particular, algo dulce, algo ácida, poco filtrada, aromática, y de buen cuerpo. Ambas variedades están disponibles para servir y llevar (más sobre cervezas en La Mesa es Coja acá).

Camino a Olmué
Camino a Olmué.

Después de esa reparadora parada, y continuando camino a Olmué, nos encontramos en la cuesta La Dormida. Con influencia del océano pacífico, la cuesta va mostrando poco a poco abundante vegetación típica de la zona central de Chile, transformándose en un bonito paisaje para recorrer. Cabe destacar que la vía es expedita, se encuentra en perfecto estado, y está muy bien señalizada. A través del camino se disponen diversos puestos con productos de la zona. Por $2.500 puedes obtener un cajón de tomates (7 u 8 kilos) y por $2.000 te topas con un kilo de miel cocida o cruda.

En el km 28 se asoma una adorable casa escondida entre la vegetación, la Nonna Rosa – Cabrería y Quesería, un local especializado en la crianza de cabras y con ello, en la venta de leche y de los productos derivados de ésta, destacando su variedad de quesos, que pueden ser de crema, con hierba, tradicional o fresco, además de helado de cabra, perfecto para pasar el calor disfrutando de la terraza de la Nonna, la que mira hacia la verde cordillera. 

helado
Estas cabritas están bien buenas.

Luego de más de dos horas de viaje (que incluyen todas las paradas), se encuentra Olmué, un pueblo tranquilo, simple y cálido, donde se puede disfrutar de diferentes panoramas. Por ejemplo, desde aquí se llega al Parque Nacional La Campana, donde se puede acampar y hacer trekking, y en el pueblo puedes disfrutar de los resort, las cabañas y de cabalgatas por los alrededores, además de los restaurantes. Uno de los destacados es el “Mi Cuento”, ubicado en Av. Eastman 5230, en pleno centro de Olmué. El local es una casa grande con espacios diferenciados, uno de ellos es una zona de terraza techada muy agradable para pasar el calor de la tarde. Dentro de la casa encontramos tragaluces, ventanales grandes, y espacios amplios con pilares y vigas al aire, muy acogedor para almorzar o tomar el trago de su elección. La oferta principal es la comida chilena: pastel de choclo, humitas, cazuela, empanadas, pescado frito, ceviche, arrollado, entre otros. Llegamos a la hora de almuerzo y con hambre, así que pedimos el pastel de choclo, las humitas con ensalada a la chilena, empanadas de pino y una porción de papas fritas. 

Lástima que no tenemos fotos dentro del local. Muy ocupados comiendo.

El choclo del pastel era cremoso, ligeramente dulce, fresco y aromático; el pino estaba bien cocido con carne picada y cebolla suave, jugoso y bien aliñado, al centro un trutro de pollo que se adobó en el proceso de cocción con los jugos del pino, todo el plato completamente exquisito. El único pero, (para mí) es que es demasiado grande la porción. Por su parte, las humitas hechas en hoja con el mismo choclo que el pastel son un encanto, simples en esencia, traen el eco de la comida casera en cada bocado. Finalmente las empanadas, rellenas de un pino perfectamente cocido sin que la carne se convierta en mechada en el proceso, bien aliñadas sin abusar del comino ni de la pimienta, destacando una cebolla correctamente picada, donde la cocción logra desagüarla y con ello permite que la empanada no se convierta en un acto de degustación repetitiva. La atención cercana, amigable y rápida, corona esta experiencia, que calificaría con un 10 de 10 para su tipo de restaurante. 

pastel de choclo
La corteza más hermosa du mundo.

Después de aquella tremenda cantidad de comida ingerida, nos dirigimos hacia el centro cívico de Olmué, que se encuentra a unas cuatro cuadras del restaurante. Por la calle principal nos topamos con locales de artesanía en madera y cuero, otros que ofrecen mermeladas, miel y conservas, variados restaurantes y por supuesto,  la Municipalidad, cuyo parque es particularmente tranquilo y refrescante, el bálsamo previo que se necesita para emprender el retorno a Santiago. A pesar del sueño, y sabiendo que la ruta 68 es el camino más rápido, decidimos volver por donde mismo llegamos y llevarnos un cajón de tomates y 3 kilos de miel para compartirlos con la familia. La tranquilidad del auto de regreso y ese silencio cómplice de un buen día de paseo, nos acompañó por el resto del camino. 

tomates
Ser humano cruzando descuidadamente la calle.

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