Emporio de la Memé: entre la casa y la montaña

Era mi turno de escribir una nota en el contexto de unas vacaciones en Santiago. Luego de pensarlo un rato varios panoramas aparecen: Santiago vacío, piscinas, bares nuevos, el Festival de Viña, la última escapada a la playa, etc. Sin embargo, ninguna de ellas me inspiraba a escribir, entonces me vino a la memoria mi querido Cajón del Maipo, refugio de tantas escapadas. Particularmente llegó a mi memoria un pequeño café. Mis recuerdos me llevaban a una casa con vista a las coloridas montañas justo al atardecer, situado muy cerca de un barranco donde a lo lejos se ve el imponente Río Maipo con su aguas cafés y turbulentas tan propia de los ríos de nuestro país. Emocionada les conté de este mágico lugar a Daniel y Diana, pero no tenía imágenes de él como para hacer una nota,y además había ido hace ya bastante tiempo. Este problemita fue la excusa perfecta para armar el panorama, para ello un solo mensaje de texto bastó: “¿nos llevas al cajón el domingo en la mañana?”, la respuesta de Israel fue casi inmediata; “Sí claro ¡vamos¡”, así la delegación oficial de La Mesa es Coja partió en busca de ese cafecito.

Cajón del Maipo
Lo mejor: su vista a las montañas.

Eran las 9 am del domingo, Daniel, Diana, Cony, Israel y yo nos disponíamos a emprender camino al Cajón. La primera barrera era el desayuno, todos estábamos cansados, especialmente aquellos que durmieron solo un par de horas. Por suerte uno de ellos no era nuestro chofer. Sin procesar mucho la situación decidimos comer en cualquier estación de servicio de camino al café. No fue la mejor idea, personalmente había olvidado lo pobre que son los desayunos en Copec, pobres en todo sentido, oferta, calidad de productos, atención, todo. Pero bueno, no vale la pena comentar más. Luego de entretener la lombriz solitaria, reiniciamos el camino

Para mí el camino al Cajón siempre es un encanto. En el trayecto la ciudad poco a poco se diluye, cambia el aire, la luz, el ambiente, la gente y te vas olvidando de tus problemas mientras te adentras en las profundidades de las montañas. A través del camino te encuentras con una infinidad de locales, algunos pomposos otros sencillos, algunos únicos y muchos iguales. Aunque no pasamos, igual vale la pena dar este dato, pasado la localidad de San José se encuentra un especial carrito de empanadas. El caballero tiene dos locales, uno en su casa de San José y el otro ahí. Sin duda alguna, deben ser una de las mejores empanadas de Ostión Queso que he probado, rebosantes de queso y sin escatimar en ostiones de buen calibre, empanadas jugosas que te chorrean por el brazo y te dan ganas de lamer aquel jugo para no perder nada del maravilloso elixir.

Cajón del Maipo
Pruebe el chocolate caliente. Está bien bueno.

En el camino dejamos a San José, San Alfonso y San Gabriel y seguimos avanzando hasta que llegamos a nuestro destino, el Emporio de la Memé, ubicado en Camino Al Volcán 46307, San José de Maipo. Era medio día, y aunque no tenía la complicidad del atardecer, el local seguía siendo lo que esperaba, una acogedora casa de campo enmarcada por las montañas. Una de las primeras cosas que resaltan son la piscina y los juegos para niños, además de un amplio prado verde y zonas para disfrutar fuera de la casa. Veníamos algo cansados y acalorados por el viaje y aún era temprano para almorzar, así que partimos la tarde con una limonada; sola, jengibre y menta eran las disponibles, ya pedidos los bebestibles nos acomodamos en una mesa en la parte de atrás de la casa a la sombra de un pimiento, mirando las montañas. Las limonadas estaban bien preparadas, justas de acidez y dulzor en todas sus variedades, precisas para calmar nuestra sed y el calor. Las tomamos calmadamente, disfrutando de las bondades del clima, viendo el tiempo pasar, hasta que Daniel dijo: “tengo hambre, ¿comamos?”.

Cajón del Maipo
Gente disfrutando de un rico paseo e Israel.

Nos trasladamos para almorzar adentro. La casa parece un pequeño museo de antigüedades, destacando al centro de la habitación un pilar del que cuelgan unos 100 tazones provenientes de diferentes partes del país. En las paredes se pueden ver esquíes y otros artefactos para la nieve además de antiguas linternas, en las repisas teteras, más tazas y maquinas de coser, entre otras cosas. Nos trajeron la pequeña carta, principalmente compuesta de sándwiches, postres y bebestibles, pero nosotros pedimos el menú del día, que podía ser pollo asado, costillar asado o mechada, acompañada con papas al Romero o arroz. Pedí un costillar asado en horno de barro, al igual que Daniel y Diana, tan pronto como nos sirven el plato, aparece la señorita que nos atendió y nos lo retira sin darnos ninguna explicación, al rato la encargada del local nos cuenta de sus sospechas de que el costillar estaba en mal estado y que no querían correr riesgos, pidieron las disculpas correspondientes cambiándonos las porciones por pollo y mechada. Como compensación nos regalaron una ensalada grande y cinco pastelitos por parte de la casa. Quiero detenerme y destacar esta actitud, no se le pide  a un local que sea perfecto, se le pide que sea honesto y que tenga buen trato, y aquí el trato es como estar en casa, con sus altos, con sus bajos, y principalmente con su calidez. El pollo que me comí estaba bien cocido, con una costra dorada y un centro jugoso, las papas rústicas al Romero estaban ricas, aunque algo más que tostadas. Disfrutamos amenamente de una comida sencilla pero sabrosa, con ese toque de casa que se extraña en la ciudad. Eso si, la opción vegetariana es bastante pobre y con atún (no, el pescado no es un vegetal), así que básicamente es simple ensalada grande con aderezo.

Cajón del Maipo
Ensalada general o plato vegetariano. Nadie lo sabe.
Cajón del Maipo
Papitas al romero y su buen pollo.

Ya pochitos y con la yegua atardecer, deja ver los recovecos en las montañas desnudas, las que muestran el paso del tiempo en su geografía. Me voy feliz de compartir una parte de mí con aquellos que quiero, me voy feliz y con la pilas cechada nos parapetamos afuera, en un rinconcito sombreado, llevamos unas sillas, estiramos unas toallas y compramos unas cervezas (y un juguito para nuestro chofer) como si estuviéramos en el patio de nuestra casa, casi olvidando lo lejos que estábamos, solo disfrutando del sol, el viento, el pasto y la compañía. De vuelta a Santiago el paisaje parece ser diferente, el Cajón se transforma con la luz del argaditas, esperando volver pronto.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Localoteca