Los cinco amores playeros más enjundiosos: la lista definitiva

Juventud, lo fresco del mar y lo caliente de la arena. El verano y la playa nos despiertan ese bronceado imaginario tan estimulado por comerciales televisivos y vacaciones familiares, lleno de alegría, euforia y ese frío polar de nuestro desafiante Océano Pacífico. No importa de donde vengas, todos alguna vez hemos estado así, sentaditos en la arena caliente, refugiados bajo un quitasol, con la mente sorda de ideas y los ojos perdidos en lo basto del horizonte azul. Era en estos momentos, tan comunes y propios a la vez, que la mirada antes consumida por el poder de las olas se tornaba firme, incrédula y poderosa, y girando en 180° quedaba sin poder creer eso que estabas viendo. “Tu loco amor de verano” se hacía presente de pronto y decias sin miedo a la verguenza: “¡Tio! ¿A cuanto la palmerita? ¡Deme cuatro!” Eso es amor señores, eso es amor.

En este día de los enamorados, La Mesa es Coja les trae la lista definitiva de los cinco romances más enjundiosos, crujientes y para toda la vida que la playa nos trae cada verano. ¡A leer!

 

1. Palmeritas

Crujientes, dulces y con ese característico sabor a almibar. La palmerita sin duda alguna es un clásico romántico de las playas chilenas. No importa cuánto o qué comiste para el almuerzo, la palmerita tiene un tamaño adecuado para engullirlo en cualquier momento sin quedar “abarrotado”. Su sabor dulce limpia el paladar del agua salada que tragaste sin querer, y su ahumado almibar equilibra el sabor dulce del azúcar. Además, su volumen y textura permite compartirlo con amigos y familia, cosa que evito, obviamente.

palmerita
Macho recio con su amada palmerita.

 

2. Frutillas Bañadas en Chocolate

Muy común en la zona centro-sur de Chile, las frutillas bañadas en chocolate son un encanto veraniego. Cuando tienes la boca seca de tanta galleta, palmera y sal marina, aparecen estas delicias paseando por la playa. El frescor de la frutilla, su acidez, y esa capita de chocolate delgada con el dulzor justo te traen de vuelta a la vida junto a tu maltratado paladar. Ideal para disfrutar una, otra, y otra vez.

frutillas con chocolate
Yo y mi amor mirando el mar.

 

3. Barquillo

La dualidad cuchuflí / barquillo ha sido estudiada profundamente por científicos, chefs y guatones lechones (Fuente). Y pongo al barquillo por sobre el cuchuflí por su exclusiva aparición veraniega, mientras cuchuflis uno encuentras en cualquier lado, ésta delicada maravilla llamada barquillo sólo la pillas de cara al sol recostadito en la arena. Esta comida de reyes conocida en su tiempo como pan de ángel, mezcla su sabor equilibrado y su sencillez con lo crujiente y una buena estructura. Una quebradiza maravilla.

barquillos
Aunque hay otros cuerpos tentándome, solo miro a mi barquillo.
4. Empanadas de Relleno Mixto

Esta innovación culinaria se ha popularizado en las costas chilenas los últimos 10 años. Actualmente, cada balneario que se aprecie de tal tiene su local de Empanadas de… y ahí nos volvemos locos. Queso, mariscos, camarones, carne, pollo, napolitanas, espinacas, champiñones, todas mezcladas y mucho más, las empanadas se han transformado en la comida rápida más característica de las playas chilenas. Lamentablemente, el amor se transformó en obsesión, y en ciertos locales las colas para comprar empanadas ¡pueden dar vuelta la cuadra! Sabrosas, diversas y precisas para almorzar paseando en el centro, las empanadas de playa son la ocasión perfecta para vivir un aceitoso romance justo antes del primer piquero.

empanadas
Nuestra cena romántica.

5. Melón con vino

Para el final, el maravilloso, dulce, tierno y todo poderoso, completo dueño de mi ex-borracho corazón, el melón con vino. El ritual, según ciertas investigaciones, comenzó a mediados del siglo 17 en las costas de Cartagena, en donde la ausencia de vasos dejó de creativo al más borrachito de la cuadra (otra Fuente), o tal vez no.

Lista acá maquillada y arreglada para mi San Valentín.

Primero, dejabas el melón la noche anterior en el refri. Al otro día, en la playa, construías delicadamente el orificio perfecto, sacabas las pepas con cuidado, rellenabas con ese maravilloso vino blanco que tan bien se da en la geografía chilena, y el paso final, raspar el interior del melón para sacar aquel glorioso juguito. Todo eso mezclado y reposado queda perfecto. Lo miras, te mira, lo acaricias. El primer beso con tu melón con vino es para siempre, luego lo compartes con tu compañero, y con el otro, y el otro, y así de mano en mano, boca en boca, esta orgía culinaria queda en nuestros corazones para siempre. El mar de frente, la boca dulce, y las manos frías al sostenerlo, eso es señoras y señores el melón con vino. Luego de una ronda de amor, el alcohol te dejaba listíco para la mejor siesta de tu vida.

 

Para terminar, solo debo decir que una vez tomé vino tinto en melón. No teníamos vasos, lo  juro!

 

 

Agradecimiento a Verito Castillo Labarca por las asombrosas e ilustrativas fotografías. También gracias al ser humano que dejó sin derechos de autor la imagen del melón con vino. Y a Sebastián Piñera por los memes.

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